«¿Onde viven los monstros?» mi canijo «lee» los títulos que aparecen hasta el momento de empezar el cuento. No sabia si esta sería una buena opción. Lo primero que me pregunté era si le daría miedo eso de los monstruos, lo leí y releí antes de mostrárselo al Canijo, lo pensé y repensé hasta que se lo leí y esperé a que él lo decidiese y al final me dio su sello Canijo cuentista. Y estos miedos supongo que los tendrían las madres de la época en la que Maurice Sendak  quiso publicar este cuento. 
 Donde viven los monstruos nos cuenta la historia de Max, un niño que va haciendo trastadas una detrás de otra hasta que su madre no puede más y lo castiga sin cenar.  Max se va a su cuarto donde  crea un mundo alternativo al que puede huir y divertirse, lejos de ese sentimiento de enfado (esto lo pensamos nosotros), allí se divierte junto con otros monstruos como él, hasta que le declaran el mas monstruo de todos, pero llega un momento en que Max se cansa y decide volver, allí donde le quieran más que a nadie y para su sorpresa la cena está allí esperándole, aun caliente para él. Las ilustraciones no son lo coloristas que estamos acostumbrados a ver en los cuentos que se publican hoy, sin embargo sigue cautivando a toda clase de niños, por el mundo de fantasía y ensoñación que envuelve la historia.
Identifico a Max con todos los niños del mundo, por la frustración que veo en él, me da la sensación de que se siente incomprendido y por eso decide huir hacia un mundo donde encuentre a sus «iguales», al fin y al cabo su madre le ha llamado «monstruo» así que seguro que se siente mejor con ellos, hasta que se encuentra solo, una soledad que le embarga, se da cuenta que ya no quiere estar enfadado con su madre porque la echa de menos. Es posible que mi canijo aun no acabe de entender los sentimientos de Max, pero creo que algún día se identificará con el niño como me identifico yo con su madre, por que llegarán momentos en los que yo pierda los papeles y él también; nos enfademos y nos sintamos solos y  queramos volver a los brazos del uno y del otro.
Para mi esta es una historia de amor entre madre e hijo, y siento que e es real, por que yo aveces me convierto en ese «monstruo», cuando pierdo los nervios y le pego un grito a mi hijo. Una vez hablé con una mamá sobre esto y me di cuenta que es un tema tabú, no nos gusta hablar de la peor parte de nosotros que suele aflorar en la intimidad de nuestros hogares pero que está ahí y existe. Recuerdo aterrorizarme de mi misma la primera vez que me enfadé con mi hijo, y como a diario lo sigo haciendo, en eso me parezco a la madre de Max, pero también me parezco en la culpa que se siente después, porque cada noche repaso esos momentos que no quisiera repetir con mi hijo y me prometo ser mejor madre al día siguiente.
Maurice Sendak tuvo muchos problemas para publicar este cuento, por ser rompedor con todo lo establecido hasta ese momento en cuanto a la infancia, por no ser un cuento lleno de moral si no de realismo puro y duro,  Yo misma me he sorprendido pensando en que podía ser un demasiado oscuro para mi Canijo, protegiéndolo de los monstruos, al final ha resultado ser un cuento fantástico emocionalmente para ambos, no ha habido temor en ningún momento, de hecho he leído por ahí que aunque es problemático para los padres, a los niños después de tantos años les sigue fascinando, y después de leerlo unas cuantas veces me he dado cuenta de que justo hace todo lo contrario, no usa a los monstruos como un detonador de miedo sino como a compañeros de juego de los canijos. Cautiva además ese mundo onírico, al que huye Max, y nos invita a imaginar nuestros propios mundos de huida, aunque nos recuerda que no hay nada como el hogar y un plato de cena bien calentito.